¡Jasse aquí otra vez, saludos! Ya el verano pasado me quejé de que vaya tela: no hay en el mercado un buen altavoz de viaje. O sea, uno que no sea una birria de plástico imposible y/o suene como un microcoche al que le han “afinando” el equipo de sonido con las lecciones de Yngwie Malmsteen: ¡Más es más! Y el resultado es un bajo escupidor que lo tapa todo.
Bueno, vale, me he pasado. Altavoces buenos sí que hay, pero suelen ser también endiabladamente caros. Nosotros no nos lo podemos permitir.
Así que nos pusimos manos a la obra: pedir altavoces de varios fabricantes para probar y ver si podíamos sacar al mercado un cacharro bueno y a un precio decente, que le dé una paliza en relación calidad/precio a esos altavoces de batalla que hay a patadas.
¿Y qué haría a ese trasto excelente?
Para empezar, una respuesta en frecuencia uniforme y unos valores de distorsión moderados, que garantizan una reproducción clara tanto con música como con pódcasts y audiolibros.
Aquí no vamos a entrar en la competición de “a ver qué altavoz suena más fuerte” y “cuál tiene más bajo rapero”, sino que lo apostamos todo a la calidad del sonido.
Luego, el bicho tiene que ser fácil de llevar. O sea: como mucho, del tamaño y el peso de una botella de medio litro.
Además, tiene que sobrevivir a las fiestas de San Juan de Vaco. Es decir: resistente a las bombas y al agua.
¿Y adivinad qué? ¡Lo conseguimos! Y además de todo lo de arriba, viene con varias cosas más: la ampliación estéreo con un botón hace que este cacharrito suene como un aparato bastante más grande, y dibuja de forma casi mágica una imagen estéreo decente, sin volverse artificial, como suele pasar con este tipo de efecto.
Y si el tamaño y la potencia del campo sonoro se te quedan cortos para las fiestas de piscina, puedes emparejar dos, y entonces funcionan juntos como un sistema estéreo de verdad.
Y la música se puede poner, aparte de con Bluetooth 5.0, con un cable de toda la vida, porque pocos radiocasetes tienen otras salidas; y, claro, los semirretro también pueden dar caña a sus archivos de música desde una tarjeta de memoria.
Y para puntualizar a los que vienen a buscarle la pega: sí, aquí hay bajos. De hecho baja sorprendentemente profundo para ser un bote tan pequeño. Solo que no es esa diarrea que lo cubre todo.
Y sí, también suelta volumen si hace falta: tanto, que la abuela del vecino viene desde la otra manzana a preguntar si aquí es donde el Tuomisjamppa canta tan bonito. Solo que no es el modo por defecto del cacharro.
Mira el vídeo de abajo para una presentación un poco más detallada. Estos saldrán a la venta cuando nos lleguen de fábrica al almacén. Con los auriculares tuvimos la tensión tan alta —porque por culpa del corona los clientes tuvieron que esperar— que ya no vamos a hacer preventa.
Vamos, que por poco no vienen los clientes con horcas y antorchas a montar el numerito en nuestra oficina.



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